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Economía y tamaño de población

  • Entre otras cosas y hablando de economía social y neurológica, me surgen algunas inquietudes, por ejemplo si  ¿En nuestros pueblos somos pobres por ser muchos  o…..  somos muchos por ser pobres? A lo que se puede describir  El mundo es más pobre. Una vez que el Banco Mundial introdujo nuevas y más precisas medidas de precios de Asia a sus indicadores de pobreza, el número de personas viviendo por debajo de la línea de pobreza se ha reducido en cerca de quinientos millones menos de lo esperado. Una cuarta parte de las personas que viven en países en vías de desarrollo viven en pobreza extrema. No pueden consumir los suficientes alimentos para saciar sus necesidades calóricas. Tienen hambre.

Cifras anteriores estimaban el número de pobres extremos en 931.3 millones; en realidad, la pobreza alcanza los 1,376.7 millones, de los cuales 46.1 millones viven en América Latina. Hay 445.3 millones más pobres en el mundo; más de 4 veces la población de todo México.

En 1991, Martin Ravallion, Gaurav Datt y Dominique van de Walle, tres destacados economistas del desarrollo, calcularon cuántos dólares se requerirían para comprar una canasta alimentaria básica en 33 países en vías– de desarrollo. Para hacerlo, era necesario conocer el precio de miles de productos en cada uno de estos países. Así, utilizando encuestas de precios, estimaron que era necesario un promedio de 1.25 dólares diarios para comprar los alimentos necesarios para sobrevivir (Ravallion et al 1991). Por cuestiones mediáticas, los 1.25 dólares se convirtieron rápidamente en la conocida “línea de pobreza” y fueron rebautizados como “un dólar diario.”

Los problemas de la ya famosa línea de pobreza del Banco Mundial son varios. Primero, el número de encuestas disponibles varía en cantidad y calidad año con año. En 1983 se contaban con sólo 18 encuestas, mientras que en 1993 se tenían 480; el problema se agudiza porque son los países más pobres del mundo los que precisamente cuentan con menos encuestas de precios. Por ejemplo, antes de 2005 no se contaba con ninguna encuesta para China, todas las cifras de pobreza para dicho país eran simples estimaciones (1) . Esto generaba un sesgo considerable dado que una gran parte de la población pobre del mundo vive (vivía más bien) en China.

Segundo, sólo se cuenta con encuestas de precios a nivel país a pesar de que es bien sabido que los precios varían al interior de los mismos países. Puesto de otra forma, no cuesta lo mismo un kilo de frijoles en el mercado ambulante de Tecatitla, en el Estado de México, que en el Superama de Polanco, en el Distrito Federal.

Tercero, los precios varían también de acuerdo a la calidad de los productos. Ravallion y demás economistas del Banco Mundial sólo cuentan con información sobre el precio promedio del frijol, no sobre el precio de diferentes marcas y calidades de frijoles. Es probable que –por cuestiones de calidad y tipo de producto– el precio promedio del frijol en, digamos Bolivia, sea más caro que el precio que pagan los bolivianos pobres por el frijol que ellos consumen. Si esto es cierto, las estadísticas de pobreza estarían sobrestimando– el número de pobres en el mundo. Finalmente, el tipo de bienes consumidos por los pobres varían considerablemente de región en región. Ciertas aldeas en China consumen arroz como su principal alimento, mientras que otras consumen papa. La canasta utilizada por los investigadores no considera estas sutiles diferencias en el consumo dentro de cada país, lo cuál podría sesgar los datos de pobreza.

Independientemente de los problemas intrínsecos que conlleva la medición de los ingresos, la creación de una línea de pobreza objetiva ha sido un avance significativo en la lucha contra la pobreza. Fue gracias a ella que el mundo pudo perseguir una meta en común: reducir la cantidad de personas que viven en pobreza extrema a la mitad. En el año 2000, todos los miembros del la Organización de las Naciones Unidas aprobaron la “Declaración del Mileno” en la que se comprometieron a reducir en un 50% la pobreza de 1990 a 2015 (2) .

De 1990 a 2005, la pobreza se ha reducido en 436.7 millones (Chen y Ravallion 2008). En términos porcentuales, mientras que el 41.6% de los habitantes de países en vías de desarrollo vivían en pobreza, ahora sólo el 25.2% vive en dichas condiciones. Dicha reducción sería significativa si no fuera por que hay importantes diferencias regionales en la efectividad del alivio a la pobreza.

Los únicos países del mundo que han reducido su pobreza son China e India. Por lo que podemos decir que SI SE PUEDE Del casi cuarto de millón de personas que dejaron la pobreza durante los últimos quince años, un total de 475.5 millones son Chinos. De hecho, si excluimos a China de las estadísticas, ¡el mundo sólo ha reducido la pobreza en 38.8 millones! Aún más preocupante es el hecho de que en varias regiones del mundo, entre ellas América Latina, África, Europa del Este, Asia del Sur y el Medio Oriente, ha aumentado la pobreza. El número de pobres en África ha aumentado en 91.5 millones, y en 3.2 millones en América Latina (Chen y Ravallion 2008).

La tragedia africana resulta particularmente desconcertante. África concentra la mayoría de los esfuerzos en materia de reducción de la pobreza. Varios países africanos (i.e. Zaire en los noventa o Madagascar actualmente) reciben en ayuda humanitaria lo equivalente a varias veces su Producto Interno Bruto; Etiopía se ha convertido en un laboratorio de programas para la reducción de la pobreza y el aumento en el capital humano. Aún así, poco o nada se ha logrado. Las herramientas utilizadas en el combate a la pobreza han resultado ineficaces. La pobreza aumenta.

  • Ahora bien  ¿Puede relacionarse  esto con el índice de violencia y delicuencia?,  y   una posible respuesta a este problema global, un tanto extremista podría ser otra pregunta ¿Por qué se redujo abruptamente la delincuencia en Estados Unidos de 1970 a 1990? Esta fue la pregunta de investigación de John Donohue, doctor en economía por la Universidad de Yale, quien ha enfocado sus estudios al impacto de las políticas públicas en el empleo, en la violencia y en la delincuencia, se vio de pronto muy intrigado al no encontrar una explicación satisfactoria sobre el extendido y persistente decremento del crimen en su país y la casi nula correlación con factores generalmente asociados, tales como los niveles de encarcelamiento, el número de policías, la tasa de empleo, el ingreso per cápita o la tasa de pobreza; y más aún, al observar que ciudades sin estrategias específicas para mejorar el trabajo policiaco, como Los Angeles, registraban también un sustantivo declive de la delincuencia. En colaboración con Stephen Levitt, economista del MIT y profesor de la Universidad de Chicago, se dieron a la tarea de profundizar en el análisis de otros factores y fueron sorprendidos al descubrir que la única variable explicativa era el acceso a servicios de aborto legal.

Efectivamente, El impacto de la legalización del aborto en la delincuencia, estudio publicado en mayo de 2001 por el Quarterly Journal of Economics, ofrece evidencia de que la legalización del aborto contribuye significativamente a la reducción de la delincuencia. En los cinco estados donde se inició desde 1969 la liberalización del aborto bajo ciertas circunstancias (Nueva York, Washington, Alaska, Hawai y California) la reducción de la delincuencia comenzó más tempranamente que en el resto. Los estados con tasas más altas de aborto en los años 70 y 80 presentan las mayores reducciones de delitos en los 90; en otros se registra un declive del crimen entre jóvenes que nacieron posteriormente a la legalización nacional del aborto, y que presentaron una alta incidencia de aborto, llevando control estadístico sobre el factor del boom económico.

Entre las correlaciones importantes hay que señalar que la edad pico para la actividad criminal se ubica entre los 18 y los 24 años, que es el tiempo relativo en que empezó a declinar la delincuencia, y que se presentaron tasas desproporcionadamente altas de aborto entre madres pobres y con baja escolaridad, cuyos hijos califican con probabilidad estadística para convertirse en delincuentes, así que el estudio también enfatiza que el riesgo de criminalidad sigue siendo una de las consecuencias de la inequidad social.

Los investigadores afirman: “Nosotros solamente encontramos que los niños no deseados son más propensos a cometer delitos que los que fueron deseados” y ante discusiones sobre posibles intereses ideológicos o clasistas se defienden: “No consideramos que abortar sea un buen método para prevenir el delito”. El estudio concluye que la legalización del aborto da cuenta de 50 por ciento de la reciente reducción de los delitos (sobre todo homicidio, robo y violencia) y que la evidencia es consistente: se reducen las tasas con un intervalo de 20 años.

El aumento del encarcelamiento entre 1991 y 1997 creció 50 por ciento en este periodo, pero el crimen descendió a 10 por ciento, así que juntos, aborto y aumento del encarcelamiento explican en mucho, si no es que el total del decremento de la delincuencia. La mitad de los delitos ocurridos en Estados Unidos fueron cometidos por individuos que nacieron antes de la legalización del aborto y fueron remplazados por agresores que nacieron después; asimismo, se puede decir que en el futuro las tasas de delincuencia seguirían en descenso a razón de uno por ciento en los siguientes dos años.

“Aunque ese descenso es un fenómeno muy positivo -señalan los autores-, el vínculo entre el aborto y el crimen no debe ser interpretado como respaldo al aborto ni como un llamado a la intervención del Estado en decisiones que sólo competen a las mujeres. Es necesario considerar que las adolescentes, las solteras y las mujeres pobres son quienes más enfrentan embarazos no deseados y que las opciones de vida de quienes nacen únicamente porque sus madres no pudieron abortar son relativamente opacadas frente a los bebés que sí fueron deseados, y cuya probabilidad de ser delincuentes es baja.”

Ser deseado y esperado no debiera ser un lujo, sino un derecho. Ojalá que los legisladores de la Asamblea de Representantes del Distrito Federal logren despenalizar el aborto cuando obstruye los proyectos de vida de la progenitora. Para que todas y todos los futuros habitantes de la ciudad de México puedan contar con una madre o unos padres que los esperan, preparan cuidadosamente su llegada y atenderán durante años sus necesidades para que nunca se vean orillados a cometer crímenes.

  • Sin embargo no debe concretarse a que el  al aborto es la única solución para disminuir la pobreza, y así mejorar la economía de un país y los gobiernos tomar medida en el asunto e instaurar estrategias más profundas y eficientes, basados en evidencia (Como lo logro China e India) dando más opciones de accesibilidad a la información y al planificación familiar para desmitificar y cuando hay una ciudad informada puede empoderarse del proceso, la clave es la educación con razón a la población y si los estudios nos demuestran que cuando hay menos niños no deseados mejoran indicadores tales como la delincuencia, esta será una consecuencia del proceso.

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Efectivamente, El impacto de la legalización del aborto en la delincuencia, estudio publicado en mayo de 2001 por el Quarterly Journal of Economics, ofrece evidencia de que la legalización del aborto contribuye significativamente a la reducción de la delincuencia. En los cinco estados donde se inició desde 1969 la liberalización del aborto bajo ciertas circunstancias (Nueva York, Washington, Alaska, Hawai y California) la reducción de la delincuencia comenzó más tempranamente que en el resto. Los estados con tasas más altas de aborto en los años 70 y 80 presentan las mayores reducciones de delitos en los 90; en otros se registra un declive del crimen entre jóvenes que nacieron posteriormente a la legalización nacional del aborto, y que presentaron una alta incidencia de aborto, llevando control estadístico sobre el factor del boom económico.

Entre las correlaciones importantes hay que señalar que la edad pico para la actividad criminal se ubica entre los 18 y los 24 años, que es el tiempo relativo en que empezó a declinar la delincuencia, y que se presentaron tasas desproporcionadamente altas de aborto entre madres pobres y con baja escolaridad, cuyos hijos califican con probabilidad estadística para convertirse en delincuentes, así que el estudio también enfatiza que el riesgo de criminalidad sigue siendo una de las consecuencias de la inequidad social.

Los investigadores afirman: “Nosotros solamente encontramos que los niños no deseados son más propensos a cometer delitos que los que fueron deseados” y ante discusiones sobre posibles intereses ideológicos o clasistas se defienden: “No consideramos que abortar sea un buen método para prevenir el delito”. El estudio concluye que la legalización del aborto da cuenta de 50 por ciento de la reciente reducción de los delitos (sobre todo homicidio, robo y violencia) y que la evidencia es consistente: se reducen las tasas con un intervalo de 20 años.

El aumento del encarcelamiento entre 1991 y 1997 creció 50 por ciento en este periodo, pero el crimen descendió a 10 por ciento, así que juntos, aborto y aumento del encarcelamiento explican en mucho, si no es que el total del decremento de la delincuencia. La mitad de los delitos ocurridos en Estados Unidos fueron cometidos por individuos que nacieron antes de la legalización del aborto y fueron remplazados por agresores que nacieron después; asimismo, se puede decir que en el futuro las tasas de delincuencia seguirían en descenso a razón de uno por ciento en los siguientes dos años.

“Aunque ese descenso es un fenómeno muy positivo -señalan los autores-, el vínculo entre el aborto y el crimen no debe ser interpretado como respaldo al aborto ni como un llamado a la intervención del Estado en decisiones que sólo competen a las mujeres. Es necesario considerar que las adolescentes, las solteras y las mujeres pobres son quienes más enfrentan embarazos no deseados y que las opciones de vida de quienes nacen únicamente porque sus madres no pudieron abortar son relativamente opacadas frente a los bebés que sí fueron deseados, y cuya probabilidad de ser delincuentes es baja.”

Ser deseado y esperado no debiera ser un lujo, sino un derecho. Ojalá que los legisladores de la Asamblea de Representantes del Distrito Federal logren despenalizar el aborto cuando obstruye los proyectos de vida de la progenitora. Para que todas y todos los futuros habitantes de la ciudad de México puedan contar con una madre o unos padres que los esperan, preparan cuidadosamente su llegada y atenderán durante años sus necesidades para que nunca se vean orillados a cometer crímenes.

  • Sin embargo no debe concretarse a que el  al aborto es la única solución para disminuir la pobreza, y así mejorar la economía de un país y los gobiernos tomar medida en el asunto e instaurar estrategias más profundas y eficientes, basados en evidencia (Como lo logro China e India) dando más opciones de accesibilidad a la información y al planificación familiar para desmitificar y cuando hay una ciudad informada puede empoderarse del proceso, la clave es la educación con razón a la población y si los estudios nos demuestran que cuando hay menos niños no deseados mejoran indicadores tales como la delincuencia, esta será una consecuencia del proceso.

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