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El Hambre y la Pobreza: Crisis prologadas. Problemas con los Programas de Emergencia

En todo el mundo, más de 800 millones de personas son víctimas de hambre crónica y de acuerdo al Banco Mundial hay 1,4 mil millones de personas que viven con una cantidad igual o menor a 1.25 dólares al día.
El informe de Febrero 2010 de la FAO señala que hay muchos factores que contribuyen que se hayan obtenido pocos resultados a la hora de hacer frente a las crisis prolongadas de hambre y pobreza. Las intervenciones de desarrollo generalmente pertenecen a una de estas tres categorías: (a) ayuda humanitaria; que descuida las consideraciones a largo plazo; (b) ayuda al desarrollo, que se apoya en instituciones públicas en funcionamiento y (c) actividades de construcción del país, que se centran más en restablecer el sector público que en atacar el problema en su raíz. Siendo por ello necesario un enfoque integrado de las intervenciones humanitarias y de desarrollo y que los programas de socorro de emergencia deban estar acompañados de esfuerzos para prevenir y mitigar el riesgo de futuras crisis. Asimismo, estas iniciativas deben fortalecer el marco institucional de un país y de forma simultánea abordar las dimensiones a corto y largo plazo de una emergencia. Por lo tanto se debe intervenir de dos maneras: mejorar el acceso a los alimentos mediante medidas inmediatas de apoyo y abordar las causas profundas de la crisis con intervenciones estructurales a largo plazo. En este sentido es de importancia vital una mejor coordinación de todas las partes implicadas; así como fortalecer la participación de los socios e instituciones locales con el fin de romper el círculo vicioso de emergencias continuas y que se perpetúan a sí mismas. Otro aspecto importante, es que la arquitectura actual de la ayuda necesita ser revisada de manera que se puedan enlazar de forma eficaz con las intervenciones a largo y corto plazo.
Bangladesh, es un país que tiene alrededor de 138 millones de habitantes, de los cuales la mitad de ellos se encuentra en situación de pobreza, a pesar del incremento de su renta percápita en los últimos años. Las cifras oficiales estiman que hay 430.000 niños que viven en la calle en todo el país, siendo casi la mitad de ellos menores de 10 años de edad y se espera que para el año de 2014 ese número sea más del doble. La mayoría de esos niños no tienen familia, terminan viviendo en la calle, pasan sus días recorriendo basureros para sobrevivir y están expuestos a diversos abusos. Actualmente se está desarrollando un Plan denominado: A través de sus propios ojos, mediante el cual, niños de la calle que viven en la capital Dhaka permiten que se documente sus vidas a través de cámaras fotográficas y videos. Catorce niños de la calle de edades comprendidas entre 10 y 18 años de diferentes zonas de la capital fueron elegidos para participar en este proyecto. Se espera que este Plan ayude a los niños a crear conciencia de las realidades que enfrentan, que la participación les aporte nuevos conocimientos y les dé una mejor oportunidad de obtener un empleo futuro. Hemos visto un cambio en los niños, ahora tienen más confianza, sienten que los seres humanos también son normales y que pueden hacer lo que quieren hacer, dice Nova Shams of Plan Bangladesh.
Es indispensable un enfoque integral en las intervenciones humanitarias y de desarrollo de los Programas de Emergencia que fortalezcan al país que brindan dicho apoyo y que se integren con intervenciones a corto y largo plazo durante una emergencia, a fin de que permitan romper el círculo vicioso de emergencias continuas y que se perpetúan a sí mismas.

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LEVANTEMOS A CHILE

La pasada madrugada del 27 de febrero un terremoto de 8.8 en la escala Richter sacudió a Chile, y afectó su zona central y sur, específicamente la región de  Bio Bio, cuya capital es Concepción. Por hacer una comparación la intensidad de dicho terremoto fue mucho mayor que el padecido por Haití hace casi mes y medio,  constituye  uno de los más fuertes en los últimos 50 años y uno de los mayores  a nivel mundial. Se estima que hay alrededor  de  dos millones de damnificados, 1.5 millones de  casas afectadas, de las  cuales por  lo  menos  medio millón estaban inhabitables y más de 700 personas fallecidas. Los daños podrían costar a Chile hasta 30 mil millones de dólares, o casi el 15 por ciento de su Producto Interno Bruto.
Chile ha reconocido fallos en la detección del tsunami,  debido  a  una mala  coordinación  entre la institución que previene sismos (ONEMI) y  las Fuerzas Armadas, que  provocó  varios fallecimientos. Las fallas no dejaron avisar que una ola de casi 18 metros iba camino a la bahía de Cumberland en el archipiélago, situada a aproximadamente 670 kilómetros al oeste de la parte continental de Chile. La primera información que recibimos es que no había tsunami (…) Cuando preguntamos por una variación que se nos estaba informando localmente en Juan Fernández, en la altura de la marea, se nos habló de no más allá de 18 centímetros y estábamos hablando de metros, dijo Carmen Fernández, directora de la Onemi. Por otro lado, el ministro de Defensa, Francisco Vidal, dijo durante una rueda de prensa que la marina (armada) erró al no alertar el maremoto. Asimismo, poco después del terremoto el sábado, la presidenta Bachelet descartó la posibilidad de un tsunami y señaló que se esperaban olas de gran tamaño pero no un tsumani.
El sábado 27 el Gobierno chileno rechazó la oferta de Taiwan y de otros países de enviar equipos de búsqueda y rescate, sin embargo la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, ya rectificó su opinión inicial de afrontar el devastador terremoto en su país sólo con los recursos del Estado y solicitó ayuda internacional para atender los daños y las necesidades de su población; puesto que se necesitan hospitales de campaña, puentes, rescatistas para relevar a los hombres que empezaron la búsqueda el sábado 27, expertos en evaluación de daños, equipos de telecomunicaciones, equipos electrógenos, purificadores de agua, especialistas en rescates y ayuda en dinero, para lo cual se abrirá una cuenta bancaria especial a disposición de personas e instituciones afectadas.
Las zonas más afectadas se encuentran sin agua y con escasez de alimentos. Yo busco comida, amigo, comida para mis hijos, dijo un hombre identificado como Pedro. Hombres, mujeres, ancianos y niños corrían del local comercial cargando leche, alimentos y hasta lavadoras. Como parte de las medidas frente al saqueo y vandalismo, se declaró el toque de queda en las dos regiones más afectadas, Maule y el Bío Bío, permitiendo así la actuación de los militare; así como la movilización de unos 10.000 soldados en las regiones del centro del país destrozadas por el terremoto. Además, la actual presidenta de Chile, Michelle Bachelet, anunció un plan de emergencia para ayudar a los dos millones de damnificados por el terremoto, que contempla un acuerdo con supermercados para la entrega gratuita de productos de primera necesidad. Por otro lado, el futuro presidente Piñera, quien asumirá el cargo el 11 del presente, ha manifestado la elaboración de su propio plan de acción llamado Levantemos a Chile, y será quien asumirá el reto de todo el proceso de la reconstrucción.
Frente a ello cabe la pregunta: ¿existe un plan de emergencia elaborado para desastres de esta naturaleza, que pueda maximizar los esfuerzos y minimizar los errores a fin de poder salvar más vidas y que no cunda la desesperación y el pánico ante la falta de alimentos, agua, medicinas y un lugar para vivir a los sobrevivientes?
Hace poco hubo el terremoto de Haití, un país con características demográficas y económicas diferentes a Chile, que puso de manifiesto que la coordinación, rapidez de acción, comunicación y participación comunitaria son esenciales para la reconstrucción; sin embargo pareciera que la orientación de la toma de decisiones de lo que se debe y no se debe hacer no es tan sencillo, cuando se está enfrentando y viviendo el problema.